Recaída en el consumo de sustancias: una comprensión clínica más allá del “fracaso”

adicciones5/4/20262 min de lectura
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Autora:
Daniela E. Correa Toro
Psicóloga
Recaída en el consumo de sustancias: una comprensión clínica más allá del “fracaso”

En el abordaje clínico de los trastornos por consumo de sustancias, la recaída suele ser interpretada por los pacientes como un fracaso personal o una pérdida total del avance logrado. Esta lectura, frecuentemente asociada a sentimientos de culpa, vergüenza y desesperanza, puede interferir significativamente con la continuidad del proceso terapéutico.

Sin embargo, desde una perspectiva clínica, la recaída puede comprenderse como parte del proceso de cambio y no como un evento aislado. En muchos casos, constituye un momento clave para identificar patrones de funcionamiento, factores de riesgo y dificultades en la regulación emocional que no habían sido completamente abordadas.

A lo largo del acompañamiento terapéutico, es posible observar que el consumo no responde únicamente a la sustancia en sí misma, sino que cumple funciones específicas en la vida del paciente. Estas pueden estar relacionadas con la evitación de malestar emocional, la regulación de estados internos intensos o la búsqueda de alivio frente a situaciones percibidas como desbordantes.

En este sentido, la recaída suele estar precedida por una serie de señales cognitivas, emocionales y conductuales que, si bien pueden pasar desapercibidas para el paciente, resultan fundamentales en la comprensión del proceso. Pensamientos como “puedo controlarlo esta vez”, el aumento de la exposición a contextos de riesgo o la disminución en el uso de estrategias de afrontamiento, suelen configurar un escenario de vulnerabilidad progresiva.

El trabajo clínico se orienta entonces no solo a la supresión del consumo, sino a la identificación de estas señales tempranas, el fortalecimiento de habilidades de regulación emocional y la construcción de alternativas funcionales frente al malestar. Asimismo, se busca resignificar la recaída dentro del proceso terapéutico, favoreciendo una postura menos punitiva y más comprensiva hacia la propia experiencia.

Abordar la recaída desde esta perspectiva permite sostener la adherencia al tratamiento y promover cambios más estables en el tiempo, entendiendo que el proceso de recuperación no es lineal, sino que implica avances, retrocesos y aprendizajes continuos.

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